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Dan Brown
Juega a El símbolo perdido
07/11/2009
Coeficiente intelectual e instintos

El secreto es un atributo del poder, y Dan Brown ha escrito El símbolo perdido en honor del secretismo de Estado. El escenario es la nueva Roma, Washington, una geometría de palacios, templos, bibliotecas y criptas selladas. Fundada por masones, ahora sirve de campo para "la primigenia batalla entre el bien y el mal", por decirlo con palabras de Brown. El profesor de simbología Robert Langdon cree visitar el Capitolio para una conferencia sobre los símbolos masónicos, pero va al encuentro de un escalofriante malvado, Mal'akh, ángel caído, monje sadomasoquista, exterminador nacido en una cárcel turca. Dura una noche el torneo, en la agonía de un chantaje que tiene como víctimas a Langdon y al Gobierno norteamericano, y amenaza la vida de dos rehenes, los hermanos Peter y Katherine Solomon. Sabios, bellos y millonarios, han caído en manos de Mal'akh, y Mal'akh mutila, asfixia, estrangula, clava destornilladores en la garganta. Qué pide el monstruo es menos preciso: un tesoro de altísimos secretos, el último símbolo, algo así como "la palabra perdida, escrita en una lengua antigua, capaz de conferir un poder inimaginable a aquel que comprenda su verdadero significado".

(...)

El estilo lo da la ideología: Brown nos cuenta de una minoría riquísima en ciencia, dinero y poder. Suya debe ser la propiedad del conocimiento en una realidad en la que, "después del Once de Septiembre", el Gobierno entra libremente en los ordenadores y teléfonos de los ciudadanos, y, siempre según El símbolo perdido, un departamento de la CIA vigila a sus propios miembros para que no incurran en acciones ilícitas, "el uso de tácticas de tortura ilegales", por ejemplo.

(...)

¿Qué es la ciencia noética? "Eslabón perdido entre la ciencia moderna y la antigua mística", es lo que estudia Katherine Solomon en el laboratorio más secreto de Washington para responder a preguntas infatigables: ¿Oye alguien nuestras oraciones? ¿Hay vida después de la muerte? ¿Tenemos alma? Katherine ha descubierto que la conciencia es una forma de energía. El héroe, Robert Langdon, es escéptico, como el lector, pero Katherine presenta pruebas: su laboratorio ha pesado el alma de un muerto. Y otra mujer, Sato, dicta entre humo otra lección fundamental: cuando un alto funcionario de la CIA le hable de seguridad nacional, "déjese todas las imbecilidades en Cambridge", señor Langdon.

Noticia publicada en: www.elpais.com
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04/11/2009
El talismán Dan Brown penetra en la hermética masonería con 'El símbolo perdido'

Confirmado el éxito de los dos anteriores libros de la serie protagonizada por el profesor Robert Langdon (.Ángeles y demonios y El código Da Vinci), la última novela de Dan Brown no podía ser otra: El símbolo perdido es un thriller alojado en esa novela popular típica del legado oculto, del tesoro atendido por custodios de la sabiduría arcana, de las pistas que dejan los símbolos. Como en los anteriores, uno se enfrenta a una yincana de doce horas sin descanso por cavernas secretas en edificios emblemáticos, ahora en Washington.


Un relato de túneles olvidado por la historia donde los protagonistas (Langdon y la Dra. Salomon) exploran la ruta mistérica de la capital de Estados Unidos. Uno a uno, desfilarán los atajos de la acción: los subterráneos, las vías clausuradas y las estanterías que gravitan sobre su eje en una inmensa biblioteca que es un laberinto de libros. Una frenética aventura de alta tensión, capítulos breves -hasta 133- y personajes nada complejos.

(...)

La novela avanza evocando las ruedas dentadas de un cronómetro: la mano mutilada de un viejo maestro (aún con su imponente anillo  masónico en el dedo) será el inicio de la trama. Un breve desplazar en una rueda del mecanismo que es convierte en un movimiento mayor (el hallazgo de una cámara secreta del Capitolio de EEUU) que pasa al siguiente engranaje (cuatro asesinos en la biblioteca del Congreso) y así hasta el final. El lector se descubre, turbado, por los movimientos aparentes del sistema mientras el conjunto -entre acertijos paganos- interactúa. A medida que el libro prospera, el conjunto gana perspectiva, se apercibe el mecanismo y se tiene conciencia del elaborado conjunto.
Pero si dejamos al margen las revelaciones y los códigos masónicos nos queda lo importante: un buen thriller, una potente novela de acción y misterio que distrae y sugiere entre -excesivos- discursos. Entretenida y dinámica... todo lo demás es márketing. Y mientras Dan Brown perfila su nuevo libro, que como explicó podría bien ser un «código Barcelona» (el autor quería usar para este libro el extraño cuadrado mágico de Gaudí, esculpido por Subirachs en la fachada de La Passió de la Sagrada Familia, frente al beso de Judas)..., mientras lean el actual: disfrutarán con él.

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